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El Derecho siempre ha actuado inter-disciplinariamente con otras áreas del conocimiento como la antropología, filosofía, economía, sociología e incluso las matemáticas; de hecho son áreas vistas a lo largo de la carrera con el fin de lograr el forjamiento de un profesional mucho más integral. Sin embargo, las facultades de las distintas Universidades del país se han olvidado de otras materias que, aunque al rompe podrían parecer ajenas a la vida jurídica, están íntimamente relacionadas, no tanto con los aspectos netamente legales, sino con la forma en que nuestra profesión se debe desarrollar. Estoy hablando específicamente de áreas como la publicidad, el mercadeo, administración de empresas, alta gerencia, entre otras. Lo anterior, se hace aun más necesario en el contexto de la globalización y apertura de mercados que está experimentando nuestro país a raíz de los múltiples Tratados de Libre Comercio que se han signado (EE.UU, Canadá, Chile, México, Mercosur, Asociación Europea de Libre Comercio y el Triangulo Norte), ya que los abogados también estamos en competencia con Bufetes internacionales que extienden sus servicios a nuestro país. Así las cosas, en este contexto, el Derecho no puede comportarse como una entidad impávida. Por lo tanto, la realidad y la práctica reclaman de las Universidades una formación aun más integral en la que se incluyan asignaturas relacionadas con las disciplinas ya mencionadas.

Desde esta óptica, por ejemplo, la Globalización y la apertura de mercados no solo debe importar en un ámbito académico (creando acuerdos de doble titulación con la universidades extrajeras, dictando cátedras de contenido jurídico trasnacional o realizando pasantías en el exterior) sino también en el terreno práctico, analizando, por ejemplo, qué nuevos mercados se pueden abrir con la entrada en vigencia de los tratados en mención, cuál es el comportamiento y las estrategias de mercadeo que pueden usar las oficinas de abogados para aprovechar estas nuevas facetas, cuáles serán las formas de publicidad para materializar esas estrategias, etc. En este sentido resultan cortos los pensum de las facultades de Derecho, por cuanto se centran única y exclusivamente en la ciencia jurídica, dejando así un vacío tremendo en la formación.

Este fenómeno (vacío conceptual) se ve reflejado en el momento en que los abogados salimos a la calle y nos enfrentamos con algo que, hasta ese momento, resulta desconocido para nosotros: el mercado. Infortunadamente, tenemos la concepción de que el litigio y la asesoría se reducen solamente a la obtención de un par de contactos, al conocimiento de la parte procesal y sustancial del campo escogido para ejercer, a la impresión de tarjetas con el formato de letra del Banco de la República, a arrendar un pequeño espacio y llenarlo con escritorios. Tremendo error. Nada más alejado de la realidad que pensar de esta forma. Los más osados, incluso, contemplarían el montaje de una página web. Sin embargo, lo que desconocemos es que estos son apenas los primeros pasos que se deben dar para afrontar el mercado y sus variables. Este es el panorama al que se enfrenta el ingenuo abogado (ingenuidad que no es imputable a este) al momento de ingresar al mercado.

En este sentido, los abogados deberíamos estar armados con más y diversas herramientas que nos permitan tener la capacidad de afrontar tamaño reto. Dicho de otra manera,  por estos días los abogados que ven en su profesión la forma de sostenibilidad económica personal y familiar ejerciendo como independientes, no sólo deben saber de derecho. Por el contrario, deben estar al tanto de las nuevas concepciones sobre atención al cliente, los nuevos campos que puedan prestar mejor rentabilidad por la escasa oferta, y por si fuera poco, tener un mínimo conocimiento de alta gerencia, ya que su oficina de abogados es como cualquier otra empresa que ofrece un servicio y por ende debe estar preparado para llevar las riendas de su negocio. Por esto, no existe ninguna diferencia entre Coca Cola, Falabella y su oficina: todas ofrecen bienes y servicios que necesitan ser ubicados en el mercado y dados a conocer mediante la publicidad. Todos son un negocio. Entonces, si los demás pautan ¿por qué los abogados no ponen a la vista del público su existencia y servicios si sus oficinas son como cualquier otra empresa? Tal vez porque nunca nos apartaron del universo de leyes para avizorar otros componentes. Basta mencionar que hasta tan solo unos pocos años los grandes estudios de abogados han creado su propio departamento de mercado y publicidad o contratado una empresa experta en el tema que realice estas funciones.

Así, ejercer la profesión de manera independiente exige del engranaje de distintas áreas que permitan lograr una competitividad aceptable, por cuanto en la calle hay competencia para todos los gustos: hay abogados de todas las ramas, de todos los estratos y con distinta formación académica. Lo que es más deplorable, existen abogados a las afueras de los juzgados y de las fiscalías que ofrecen sus servicios por una suma irrisoria logrando que el panorama se torne aun más difícil. En este contexto, como ya se dijo, el reto de lograr la tan anhelada independencia resulta cada vez más ardua si no se  compaginan otras disciplinas. Por este motivo, se hace un llamado de atención a las universidades para que preparen a los estudiantes en otras áreas de interés que, seguramente, repercutirán en el exitoso ejercicio de la profesión. A cambio, se podrían suprimir ciertas asignaturas que, en la práctica, no prestan ayuda alguna. Baste recordar que en otros países esta carrera tiene una duración de entre tres años y medio y cuatro años; situación que permitiría sostener que podría continuarse con la misma duración (cinco años), pero con ingredientes que en realidad presten utilidad cierta.

Ahora bien, siendo consciente que el panorama, desde el punto de vista de la enseñanza, no cambiará en varios años, señalaré un par de aspectos que podrían prestar algún beneficio al momento de salir al mercado:

1)      Determinar el área de servicio: Existen tantas ramas del derecho como actividades sociales. Por esto, es necesario enforcar los esfuerzos no sólo a un área específica (derecho penal, civil, comercial, societario, etc.) sino también a una subárea de esta (delitos informáticos, contra la administración de justicia, etc., en tratándose del derecho penal). No hay peor mensaje enviado a la sociedad que aquel que demuestre la “capacidad” de acaparar todas las áreas porque termina reflejando que sabe de todo un poco pero de nada al mismo tiempo.

2)      Analizar el mercado: Este análisis se deberá hacer teniendo como filtro el servicio que se desea prestar. Lo anterior, implicará determinar su target y la competencia directa. Esto, a su vez, le permitirá establecer cuáles son los servicios que presta la competencia y su alcance y así logrará determinar cómo podría mejorar su portafolio.

3)      Elaboración de imagen: Luego de tener claro cuáles serán sus puntos distintivos, sus virtudes y sus servicios, deberá plasmar todo esto en la imagen que proyectará ante los demás en su página web, sus tarjetas de presentación, su papelería y, por supuesto, en el diseño del logo. Adicionalmente, deberá  establecer la misión, visión y objetivos de su oficina para determinar la carta de ruta de su negocio.

4)      Realizar publicidad: Una vez determinados los servicios que va a prestar,  el target al cual van a estar dirigidos, la posible competencia que tendrá en el camino, las fortalezas y debilidades de la misma, los rasgos que caracterizarán y diferenciarán su servicio del resto y su imagen corporativa, deberá  escoger el vehículo mediante el cual se va a dar a conocer ante la sociedad y va a ingresar al mercado (publicidad). Este, evidentemente, tendrá que estar acorde a la imagen que quiera proyectar ya que una mala publicidad puede causar una impresión distinta en la sociedad.

De esta forma, concluyo reiterando que, el litigio es más que el conocimiento de normas y su correcta aplicación. Implica el uso y conocimiento de otras tantas materias para lograr que su oficina de abogados abandone el anonimato y logre convertirse en un exitoso negocio. Por este motivo, el pensum de las distintas entidades debería contener materias pertinentes al correcto y exitoso funcionamiento de los negocios.

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