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Todos guardamos secretos. Unos son merecedores de ser compartidos y otros no. Hoy, te voy compartir información que sólo la saben las personas más allegadas a mí.

Pero si la infidencia que voy a revelar es de tal calibre ¿por qué contarla? Porque estoy seguro que le podrías sacar un enorme provecho y así sentirte mucho mejor, si eso es lo que buscas en este momento.

El 10 de septiembre de 2017 mi mamá murió. No aguantó la quimioterapia y en dos meses ya estaba en un sitio cuyo estado de conciencia es tan superior que no existe ninguna preocupación. Es, con total seguridad, el reto más duro, doloroso pero, a la vez, constructivo que he vivido.

Ante una situación tan fuerte como esta tienes, al menos, 2 caminos: te hundes en la depresión o aprendes la gran lección que te deja la muerte y vives la vida intensamente. Yo escogí la segunda opción. Entre las cosas que experimenté en ese momento, te puedo decir que, al ver la muerte de forma constructiva, logré entrar en un estado de conciencia al que nunca había ingresado antes. Era paz mezclada con el dolor inevitable de su partida, pero, al fin y al cabo, había paz, que con el tiempo disipó el dolor.

En ese momento de vida me reencontré profundamente conmigo mismo, me hice cuestionamientos muy serios que nunca se me habían pasado por la cabeza, pude ver con otros ojos las amistades que me rodeaban -en unas ocasiones para afianzar el vínculo, en otras para soltar-, así como también logré revaluar lo que estaba haciendo con mi vida a través del uso de las redes sociales.

Luego de estas reflexiones, mi primera reacción frente al Social Media fue cerrar la mayoría de mis cuentas, en especial la de Facebook e Instagram. También me salí de muchos grupos de Whatsapp ¿Por qué borrarme de ese mundo? Porque: i) me di cuenta que estaba sosteniendo una imagen muy alejada de lo que realmente soy buscando likes para subir mi autoestima -por cierto, TODOS, así tú no lo aceptes, tenemos problemas de autoestima en mayor o menor medida-; y ii) estaba en grupos que no quería sólo por pena a salirme. Cuando me di de baja y tomé estas decisiones, sentí un alivio infinito. Ya no tenía que responder mensajes por el “qué dirán”, ni tenía que fingir amistad con nadie. Simplemente era yo y eso aliviana muchísimo.

Ahora bien, no me puedo quejar de las redes sociales, porque sin ellas no hubiera podido llegar con mi mensaje a muchos países de América Latina. Sin embargo, el precio es alto: mi tranquilidad emocional y mi tiempo.

Pero casi 2 años después de ese gran momento de conciencia y de sosiego, me sentí nuevamente atrapado por las redes. Una vez más y a pesar de estar en otro estado de conciencia, me deje llevar por ese afán de conseguir likes, de que mis vídeos se reprodujeran millones de veces y de recibir mensajes de agradecimiento, generando todo esto en mí ansiedad y tristeza. No recibir el mensaje que quieres, los likes que quieres y las reproducciones de vídeos que esperas, te puede jugar una mala pasada.

Al darme cuenta de esto y anhelando la tranquilidad que experimenté hace 2 años, ayer decidí eliminar Instagram, Facebook y Whatsapp y ocultar las notificaciones de mis cuentas de correo electrónico por 1 día. Mi cuerpo, y lo digo muy en serio, me lo estaba pidiendo a gritos. Por cierto, el cuerpo contiene una conciencia increíble de lo que necesitamos y de aquello que debemos alejarnos, por lo que te recomiendo estar muy atent@ a sus señales y atenderlas.

Siguiendo con el tema, ¿representó un reto este alejamiento de las redes? Realmente no, porque conocía los beneficios que iba a tener gracias a esta experiencia, aunque no puedo negar que en algunos momentos del día el ego me decía “échale un vistazo a whatsapp, para ver quién te ha escrito. Sólo será una vez.” En todo caso, no caí en la trampa y me mantuve firme hasta el final. Además, mi cuerpo lo sentí más liviano energéticamente hablando.

¿Qué pasó después de 1 día sin redes sociales? Experimenté dos beneficios potentes: a) tuve una tranquilidad mental inigualable; y b) el tiempo me rindió un montón.

Hablando de la tranquilidad mental, logré apaciguar mi mente sobre el hecho de estar esperando mensajes, likes y demás. Y esto, a su vez, trajo un hermoso regalo: conectarme con el presente y con la gente que estaba a mi alrededor. Sin nada que esperar, fueron pocas las veces que miré el celular. Quien quería contactarme sólo tenía que llamarme; tan simple como eso.

Las personas que viven pensando en el futuro experimentan ansiedad y las que mantienen en el pasado experimentan depresión, pero si te conectas con “el aquí y el ahora” vives en tranquilidad, así que este es el primer beneficio. Estar presente y en paz.

El segundo beneficio fue ver cómo el tiempo me rindió muchísimo. Pude sacar varias horas para, nada más y nada menos, redireccionar el rumbo de mi empresa, la Escuela Internacional de Formación Jurídica- EIF Jurídica. Definitivamente, el poder de enfoque fue muy alto, así como sus valiosas consecuencias.

De hecho, este es uno de los consejos que comparto en el entrenamiento virtual llamado “El Secreto Para Estudiar”, a todas aquellas personas que quieran conocer el método de estudio que a mí, como profesor -y eterno estudiante-, me ha funcionado para superar cualquier reto académico: enfoque total en la actividad de estudio.

Estoy seguro que si los estudiantes eliminar la distracción que generan las redes sociales, su nivel de atención, aprendizaje y comprensión serían muy altos. Y si a esto le sumas un método de estudio fácil, sencillo y eficaz, termina siendo el cocktail perfecto para superar cualquier prueba académica. Si quieres conocer más información sobre este entrenamiento, sólo contáctame al +573144761966.

Retomando el punto, el reto en un mundo digital como en el que vivimos es escuchar las señales de malestar que genera nuestro cuerpo frente a las redes sociales -porque la ansiedad por vivir en el futuro y la depresión por vivir en el pasado se manifiestan físicamente-, y así tomar la decisión de desconectarnos de esa “realidad”, para conectarnos con la verdadera Realidad. Con “el aquí y el ahora”.

En conclusión, logré tranquilidad mental y productividad en mi día ¿Cuál es mi próximo reto? Hacer un Social Media Detox de 30 días.

¿Te apuntas?

Nos vemos en la cima.

Pd: si en algo se sirvieron estas palabras, por favor comparte esta entrada en tus redes sociales y así ayudar a más gente.

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